Los cuatro Kef de Monastir, fortalezas bereberes

Tahent

A lo largo de la carretera C64, que conecta Chouigui con Sidi Nsir, al norte de Túnez, se encuentran la ciudad de Tahent y varios sitios como Ayn Ettout, Henchir Tout y la aldea Borj Aouraou, la antigua Ureu romana. Este territorio rocoso con el camino en zigzag invita a descubrir las huellas de la presencia humana en la región desde los tiempos más remotos.

Con un poco de observación se podrán identificar conjuntos de rocas que no son simples desprendimientos sino restos de estructuras diseminados por todas partes. Los enterramientos se reconocen por su aspecto curvado, túmulos formados por grandes bloques, posiblemente de la época prerromana.

En primavera, el aire tunecino está perfumado y el campo se cubre de flores. El paisaje es austero pero hermoso; atrás ha quedado el frío invierno, y las primeras en aparecer son las amarillas oxalis, bordeando los tres jebel: Kef Ersas al noreste, Kef Kattous al sudoeste y, separados por la carretera, los dos picos del Kef Guebli.

Custodian la antigua aldea de montaña deTahent, habitada desde la época prerromana, de la que han llegado hasta nosotros trozos de cerámica esparcidos en el suelo. Los jebels eran pequeñas fortalezas, difíciles de defender, y posiblemente Tahent haya servido como un refugio final en el caso de ataques.

Ragoub Braki, situado a 1,5 Km. al este de Henchir Tout, es una pequeña necrópolis megalítica con dólmenes rodeados de círculos de piedra; también aparecen anillos, a veces hasta dos concéntricos, pero extrañamente no rodean ninguna piedra. Se pueden observar también montículos de forma oblonga.
El acantilado sur de Ragoub Braki es atravesado por varios “haouanet” organizados en líneas escalonadas. El acceso a las tumbas es por una rampa tallada en el acantilado, y se cree que los pueblos que la realizaron eran sedentarios.

Los cuatro Kef están cubiertos por una red de muros que en algunos lugares llegan a medir casi 2 metros de altura y 70 a 80 centímetros de espesor. Se extienden por cientos de metros, a veces casi un kilómetro y medio sin interrupción.

Su función aún no ha podido ser dilucidada, ya que en estas áridas colinas eran difíciles los cultivos en terrazas; pueden haber sido asentamientos fortificados o refugios, aunque más bien parecen ampliaciones de túmulos, ya que a veces, entre los las piedras acumuladas, emerge una losa horizontal: un dolmen. La gran incógnita es si los vivos y los muertos habitaban la misma ciudad, o si las tumbas se construyeron una vez abandonadas las viviendas.

La excursión por los cuatro Kef puede llevar aproximadamente medio día; el punto de partida es Henchir Bou Tout, aunque también se puede llegar a la necrópolis por la carretera que lleva de Beja a Joumine, una ciudad a la que habrá que dedicarle una visita, ¿no creéis?.

Foto: Benharrat

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