Garn Al Faya, en el triángulo de oro

Ruinas de Garn Al Faya

Al noroeste de Túnez, entre las ciudades de Kef y Tadjérouine, se encuentra un antiguo pueblo minero cerca de la zona de extracción de de plomo, que se encontraba en forma de piedra galena.  El paisaje es semidesértico, sin embargo no siempre fue así.  En la época romana esta era una fértil llanura; de hecho, el nombre de la villa, Garn Al Faya, proviene de “alfalfa”, una especie que se daba con abundancia en la región.

La otra parte del nombre de este lugar, Garn, alude a la particular forma de la montaña, ya que en realidad significa “can” en árabe. El clima continental preanuncia inviernos muy rigurosos, con frecuentes nevadas. Desde mediados del siglo XX es muy concurrida por cazadores; las zonas preferidas son el Jebel Sif y Wadi Mellegue, también ideal para la pesca.

Pero este no es el único atractivo de Gran Al Faya: esta ciudad, alejada de los circuitos turísticos, alberga unas ruinas romanas insospechadas y excepcionales que además revelan datos desconocidos acerca de la verdadera historia de la dominación romana en el norte de África.

Garn Alfaya está ubicada en la antigua Numidia, una de las regiones más ocupadas por los romanos; aquí se encuentra Souk Ahras, la antigua Thagaste en la que se cree que San Agustín fue a la escuela primaria, y Madaure donde se supone que cursó sus estudios secundarios. Junto con Le Kef, la antigua Sicca Veneria, y estas dos ciudades, Garn Alfaya forma el llamado “triángulo de oro”.

Es que se trataba de una rica región agrícola y minera, con petróleo y oro, pero un cambio drástico en el régimen de lluvias desde la época romana ha convertido a la región en un semidesierto. De los tiempos romanos quedan miles de olivares, mudos testigos de un pasado lejano, restos de un molino de aceite de los que todavía se reconoce la gran piedra de granito y el estanque recubierto de mosaicos de color blanco, que se calcula que recibiría el producto de una cien hectáreas de olivos.

La villa romana era una ciudad atravesada por una pequeña rambla; hasta mediados del siglo XX todavía se conservaba un puente de arco. Se han hallado monedas de cobre y plata, con las imágenes de los emperadores Maximino y Filipo el Árabe.

Un hallazgo casual permitió determinar que la mina ya era explotada por los romanos: en 1954 se derrumbó una antigua galería y apareció un esqueleto que llevaba un collar de corales y perlas de color rosa, que se identificó como el de una esclava fenicia.  También se encontraron lámparas de aceite y un dibujo en la pared que representa la silla “curul”, reservada a senadores y dignatarios romanos.

Foto: Garn Alfaya

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Categorias: Antiguas ciudades



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