La herencia andalusí de Túnez

Calle de los Andalusies

En la medina de Tunis hay una calle llamada “de los andalusíes”, una de las más hermosas, con sus puertas talladas, sus arcos y elegantes llamadores: preanuncia el barrio andalusí, con las casas más aristocráticas del distrito residencial, alguna vez habitadas por los moriscos que llegaban de Andalucía, en España. El barrio tiene un aire de tranquilidad, a pesar de estar muy cerca de las más comerciales calles turísticas.

Los moriscos adoptaron a Túnez como su nueva patria y contribuyeron en gran medida al esplendor tunecino de época otomana. Se desempeñaron en todas las actividades, desde el ejército hasta distintos oficios y actividades económicas y culturales especialmente hasta el siglo XVII.

Se especializaron en la fabricación de la “chechía”, el típico sombrero tunecino que fue uno de los principales productos de exportación hasta el siglo XIX, acompañada por trabajos en seda y bordados, un oficio en el que también trabajaron mujeres.

La cerámica fue uno de sus oficios elegidos, y la curtiembre de cueros, pero sin dudas se distinguieron en la agricultura; de hecho, podemos reconocer, en los alrededores de Tunis, pueblos agrícolas que llevan la indudable impronta andalusí aportando a la capital productos de huerta y en especial el aceite como el que se produce en Teburba, y también importantes obras hídricas, como los puentes sobre el río Medjerda.

En cuanto a los monumentos, los que llevan sin ninguna duda el sello andalusí son las mezquitas de Testour, la más grande con un hermoso alminar y un nicho de oración con frontón barroco, único en el mundo. Otras más pequeñas se parecen a las de Bizerta y las de Alia y Solimán tienen inscripciones de la época de la llegada de los moriscos. También hay una inscripción andalusí en la monumental fuente de Grombalia.

Una ciudad muy andalusí es Zaghouan; los moriscos que se establecieron aquí en el siglo XVI eran aficionados a la jardinería, dotando a la ciudad de un cinturón verde de árboles frutales y plantas con flores que es posible gracias a la abundancia de agua en el lugar.

De todos modos estaban interesados en la fabricación de chechias o feces, y también en la industria del cuero; instalaron una tintorería que luego se transformó en la escuela primaria, en la calle Chaouachia, de hecho una de las escuelas más antiguas de Zaghouan ¡que en 1897 tenía como alumnas a 14 niñas!

Todavía hoy se puede advertir la huella andalusí en Zaghouan, por ejemplo en la destilación de la Eglantine, la flor blanca del nogal ceniza, y la preparación del kaak warqa, un pastel en forma de anillo, relleno con almendras y perfumado con agua de rosas.

Sólo hay que venir a Túnez para saborear estas antiguas tradiciones. Túnez es un país que nos puede hacer volar en el tiempo y la imaginación, ¿os atrevéis?.

Foto: angbar11

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