La Ruta del Agua en Túnez

Hermaion El Guettar

Durante milenios, el agua para la vida en Tunis, la actual capital de Túnez brotó del Jebel Zaghouan o Monte de Júpiter, vertiéndose en las ricas llanuras, y desde la más remota antigüedad, las civilizaciones que habitaron y habitan en Túnez idearon formas ingeniosas para captar y conducir el agua hacia las ciudades o de acuerdo a las necesidades de riego.

Son notables algunas obras como la represa de Sminja o los ninfeos que capturan el agua en los verdes valles para llevarlas hacia grandes depósitos. De hecho, para conducir el agua desde Zaghouan hasta las magníficas cisternas de La Malga en Cartago se utilizó una increíble tecnología en base a la ley de gravedad.

Sin alejarnos de la ciudad de Tunis podemos seguir la ruta del agua a lo largo del Acueducto de Cartago, una maravilla histórica que se encuentra en Uthina, el ninfeo de Zaghouan, el Templo del Agua y el acueducto y ninfeo de Jougar.

Detengámonos un momento en el ninfeo de Zaghouan: es una monumental fuente construida sobre el manantial. El acueducto hasta Cartago tenía 55 Km. de extensión y fue construido bajo el imperio de Adriano. El ninfeo consiste en un hemiciclo de unos treinta metros de diámetro, rodeado por una galería abovedada en cuyo centro se halla el estanque de decantación dominado por un templete.

Si nos dirigimos a la región central de Túnez llegaremos a El Guettar, en Gafsa, donde se encontró el Hermaïon de El Guettar, lugar de adoración a una deidad del agua más antiguo del mundo, actualmente en el Museo de El Bardo. Un interesante estudio de la Universitat de València permitió descubrir una zona de captación horizontal de agua que transportaba el líquido a lo largo de casi un kilómetro para irrigación del oasis de El Guettar.

La alimentación del oasis de El Guettar se basaba en una red de 42 conductos de agua, llamados en árabe “foggaras” o “mkoulas”; fueron excavados a fuerza de voluntad a más de 30 metros de profundidad, con túneles que tenían entre 700 a 800 metros de longitud. Se ha determinado que para excavar una galería de 500 metros, 200 hombres necesitaban ¡dos años!

Este sistema tradicional de irrigación hace aflorar el agua a la superficie por gravedad; es complementado con lumbreras o pozos de aireación que permitían trabajos de mantenimiento e igualaban la presión en el interior y exterior para facilitar la circulación del agua. Se utilizó hasta mediados del siglo XX, cuando fue reemplazado por los pozos verticales, en los que el agua es succionada hacia la superficie por métodos mecánicos.

Es interesante saber que esta técnica fue llevada por los árabes a Valencia, como se puede ver en l’Horta, donde se encontraron más de 60 galerías de varias decenas de metros que alimentaban las pequeñas alquerías.

Foto: Wiki Commons

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