La ciudad de Nefta y la historia del avestruz

Entrada de Nefta

Nefta o Nafta es una pequeña ciudad en El Jerid, famosa en todo el Sahara por su espiritualidad; de hecho, es llamada la ciudad de “los cien morabitos”. Es conocida por su oasis, considerado el hermano menos del gran oasis de Tozeur, y no tanto por su impactante patrimonio cultural. Poco incluida en los circuitos turísticos, hoy les invitamos a descubrir sus secretos. Se encuentra a sólo 25 Km. de Tozeur y se puede llegar fácilmente con el transporte público.

Los hallazgos arqueológicos revelan que estuvo habitada desde los tiempos más remotos; pero Nefta, importante centro religioso sufí, albergó comunidades de todas las culturas.  Aquí se encuentra el milenario barrio judío llamado “haâra”, al norte del zoco.

Se dice que de aquí provenía el mejor ebanista de Nefta, pues dejó su huella en las características puertas tachonadas en forma de estrellas de David.  Estas puertas eran fabricadas con la resistente madera del albaricoque, con los laterales de madera de palma; para evitar que esta madera fuera atacada por hongos e insectos, antiguamente se la depositaba varios meses en el lago de sal.

Los visitantes de Nefta no pueden escapar al encanto e intriga de sus puertas, especialmente las que se encuentran en las callejuelas de la ciudad antigua; cada puerta tiene tres aldabas y cada una tiene una resonancia particular por lo que el anfitrión o anfitriona puede saber si la visita es una mujer, un hombre o un niño. Estas aldabas se organizan de una manera determinada: la de la derecha es para los hombres, la de la izquierda para las mujeres, y debajo de ésta, la de los niños.

¿Quieren conocer una leyenda urbana de Nefta? Se cuenta que en el siglo XIV el Bey de Túnez recibió de regalo una pequeña hembra de avestruz y la envió a Nefta pues le habían dicho que el clima del lugar era ideal para el animalito. A partir de allí la señorita Avestruz comenzó a hacer de las suyas en la aldea y sobre todo en los puestos del mercado, picoteando y destrozando todo a su paso. El herrero de la aldea decidió pasar a la acción; tomó un delicioso pan recién hecho y metió dentro una bola de hierro candente. El goloso animalito se comió de un bocado el pan… y murió.

La gente de la aldea se desesperó: ¿cómo explicarían la tragedia al Bey? El alcalde hizo circular un lacónico comunicado: “En el día de hoy, el avestruz del Bey murió de un paro cardíaco provocado por las altas temperaturas”. Desde entonces, los habitantes de Nefta viven felices y tranquilos.

Si la idea es quedarse, hay varios lugares en Nefta que son antiguas mansiones restauradas como hoteles; por ejemplo, una parte del Museo Dar Houidi que funciona en una mansión del siglo XVII está reservada para alojamiento.

Foto: Adinga

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Categorias: Pueblos de Tunez



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