El Gran Sur, exótico y sorprendente

Tozeur

El Sur Tunecino comienza en Gafsa y abarca casi la mitad del territorio continental del país: 90.000 Km2 con el desierto como denominador común pero que muestra una magnífica biodiversidad, distintas culturas, estilos de vida y costumbres, un verdadero tesoro para explorar. El paisaje del sur conmovió a artistas y viajeros de todos los tiempos.

Una de las formaciones geológicas más impactantes es el Djebel: es un gran arco de montañas que se extiende hasta Medenine, cerca de la frontera con Libia. Al sur de Jebel Tebaga se encuentra Nefzaoua, donde las huellas de ocupación humana se remontan al Neolítico; el paisaje árido fascina con su belleza majestuosa. Al sudeste se encuentra la llanura Djeffara dominado por tonos de ocre.

El DJebel ha permitido el asentamiento de poblaciones en las llanuras adyacentes; en lugares en los que parece imposible la vida humana, el pueblo berebere construyó sus fortificaciones llamadas Ksours, muchas veces aprovechando cavernas existentes para protegerse de los rigores del clima. Actualmente algunos ksours se han transformado en hoteles, en los cuales el viajero podrá descubrir la tradicional hospitalidad bereber y vivir una experiencia inolvidable.

El Oasis de Gafsa es el más septentrional de Túnez y se encuentra cerca del desierto. Ya era conocido por los romanos que construyeron allí las piscinas, dos cuencas rodeadas de altos muros de piedra, alimentadas con agua de manantiales subterráneos. En Gafsa podemos visitar la medina, con su gran Mezquita inspirada en la Mezquita de Oqba, en Kairouan, con su hermoso mihrab que es el lugar dedicado a la oración.

Al oeste se encuentran los oasis de montaña: Chebika, Tameghza y Mides, con sus casas de piedra y sus manantiales. De hecho, las aldeas primitivas ya han sido abandonadas y se han construido nuevas ciudades para sus habitantes. Convertidos en pueblos fantasma, caminar por sus antiguas y hoy silenciosas calles es una experiencia inolvidable.

Uno de los oasis más famosos del mundo es El Jerid, con Tozeur su capital, llamada “la perla del desierto”. Este oasis fue un punto muy importante para el comercio a través del Sahara y alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIV. Los lugares para visitar en el Oasis son el mirador Ras El Aaiun, el caserío de El Hadh Bled, emplazado sobre la antigua ciudad romana, de la cual sólo queda la base de un minarete de ladrillo. La mezquita fue construida en el siglo XI, pero la decoración del mihrab, en estilo hispano-magrebí, fue realizada en el siglo XII. Sorprende el Paradise, un extraordinario jardín en el que crecen cientos de flores.

Ouled Hadef es la parte antigua de la ciudad, con sus pequeñas y encantadoras plazas y sus mezquitas decoradas con ladrillos.  De hecho el ladrillo es el material preferido en El Djerid, y los motivos que decoran las casas son los mismos que utilizan en las alfombras y otros textiles.

Foto: Easypedia

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