Tamerza, cascadas en medio del desierto

Tamerza

Cercano al oasis Tozeur y su gigantesco palmeral, está el oasis de Tamerza, protegido detrás de una cadena de montañas en cuyo profundo valle se contempla este pequeño poblado de infinitas llanuras tapizadas de dunas color oro.

La población situada al lado del arroyo Horchane, interrumpe el desierto con jardines y grupos de palmeras que dan un marco excepcional al desolado entorno.

En la epoca romana esta ciudad se llamaba Ad Turres y estaba confinada a la defensa de las fronteras. Durante el imperio bizantino, fue sede del obispado; de ésta época se pueden ver dos mezquitas de las cuales una está en uso y la otra, con pilares de troncos de palmeras, puede ser visitada por los turistas.  Es preferida por los paleontólogos y arqueólogos que buscan las huellas de la evolución humana ya que aquí se han encontrado sedimentos de numerosos asentamientos neolíticos.

A 2 kilómetros está la orgullosa Cascada de Tamerza, de 4 metros de altura que escurre su agua sobre un tallado cañón encima de acantilados. En los alrededores, los puestos venden hermosos recuerdos como minerales y partes de restos fósiles. El curso del río sigue a través de filas de bambúes; a 100 metros por este camino está la garganta de la cascada. Si se aparta de las rutas fijadas para los turistas encontrará el Oasis de Mides, ideal para la relajación y el descanso, ya que como no es un lugar al que lleguen los tours de viajes, es bastante solitario. El poblado está semiderruido y abandonado, pero posee un bonito palmeral. Si llega en verano es perfecto para un refrescante baño coronado por una caminata en busca de recuerdos.

A 2 kilómetros de aquí hay otra cascada, un poco más alta que la anterior, su garganta corta la montaña y se abre sobre una llanura plana y desierta.

Durante la vuelta a la ciudad, deténgase para ver desde la carretera, el lugar donde estaba el pueblo originalmente, que fue abandonado por una serie de inundaciones en Túnez 1969. Algunas casas todavía se mantienen en pie, de otras sólo quedan paredes de adobe.

Lo mejor para terminar el día es una cabalgata por el Sahara en la giba de dromedarios, o como les dicen los turistas “barcos de desierto”, por la particular sensación de bamboleo del cansino caminar de los animales mejor adaptados para la vida en el desierto. El recorrido es a través de dunas bajo el reflejo del último sol del día que da la sensación de estar en el decorado de una película.

Foto: Wiki Commons

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Categorias: Naturaleza en Tunez



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